Fantasma de la Ruta 9 en Santiago del Estero | Historia Paranormal Real
A continuación, tienes la opción de escuchar el relato narrado a través de nuestro canal de YouTube o bien, leerlo tranquilo desde aquí. ¡Que disfrutes!
Prólogo
Dicen que algunas rutas de Santiago del Estero, guardan misterios.
Camioneros y viajantes que cuentan, una, y otra vez, el mismo suceso…
Caminos oscuros y silenciosos que invitan a ver cosas…
Lo que estás por leer, le ocurrió al papá de Sebastián…
Un colectivero experimentado que presenció algo extraño.
Algo que lo impactó tanto, que nunca más, pudo volver a manejar de noche como antes…

CAPÍTULO 1: «El viaje»
Mi viejo era colectivero, en los tiempos que uno era dueño de su unidad. Un día viajó a Buenos Aires, desde Córdoba, para buscar un nuevo colectivo.
Allá en el taller, se encontró con un socio, dueño también de su propia unidad. Dado que el colectivo era 0 km, este hombre le propuso hacer un viaje, con el objetivo de pisarlos. Es decir, hacerles kilómetros en la ruta. Decidieron entonces viajar hasta Cataratas del Iguazú. Recorrer el norte de Argentina. Y luego, regresar a Córdoba, ciudad de donde eran oriundos. Era un viaje de una semana. Y así fue. Todo transcurrió con normalidad a la ida. Sin embargo, en el regreso, comenzaron a pasar cosas extrañas…

CAPÍTULO 2: «La pasajera»
Ya de regreso, pasada la medianoche, atravesaban la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero. Era la recta final hasta Córdoba. Deciden entonces, detenerse en un bar para comer algo. Tiempo después, el viaje continuó. Cruzaron la ciudad de Santiago del Estero. Y tomaron por la ruta nacional 9.
El camino estaba oscuro y silencioso. De repente, mi padre mira el espejo retrovisor y ve algo. Era una mujer… Iba sentada en el fondo del colectivo.
En ese momento, mi viejo pensó que era una polizonte. Supuso que se había subido mientras él estaba en el bar. Eran los años 70, había guerrilla. No era raro que alguien intentara escapar.
De inmediato, mi padre enciende las luces del colectivo. Su socio iba adelante, así que toca la bocina un par de veces para que pare. Ambos paran sobre la banquina de la ruta. Mi papá se para, y al mirar hacia atrás, no ve a nadie. Los asientos estaban todos vacíos. Pensó que se estaba escondiendo. Entonces, empezó a recorrer uno por uno los asientos. Sin embargo, no había nadie…
Sólo quedaba una alternativa: «que se haya escapado por la ventanilla». Así que revisó todas las ventanillas del colectivo. Pero estaban todas cerradas. Nada tenía sentido…

CAPÍTULO 3: «Horror a bordo»
Su socio lo increpó por la maniobra. No obstante, luego entendió la situación.
Pasados unos minutos, el viaje continuó. Pero a los pocos kilómetros… mi padre empezó a sentirse raro otra vez.
Sentía que no estaba solo… Entonces miró hacia atrás. Y ahí estaba otra vez… Era una sombra. No tenía rostro. Tenía cabellera. Y no estaba en el fondo esta vez. Sino que estaba sentada unas filas más adelante. No se le veían los ojos. Sin embargo, mi viejo sintió que lo estaba mirando.
Del susto, frenó de golpe en medio de la oscura ruta. Tomó un palo. Ese que usaban para controlar la presión de los neumáticos. La sombra, seguía ahí. Entonces, encendió las luces. Y maldiciendo a los gritos, se levantó. Y ahí, literalmente, se le paró el corazón…
La figura, se desvaneció frente a sus ojos… Horrorizado, salió desesperado del colectivo.
Su socio, había visto el colectivo de mi padre parar de golpe. Así que volvió al lugar. Al llegar, vio a mi padre totalmente alterado. Trató de calmarlo. Y luego, ambos subieron al colectivo…
Pero, una vez más… No había nadie…

CAPÍTULO 4: «Sin descanso»
Mi papá estaba muy alterado. Entonces, su socio le propuso cambiar de colectivo. Además, irían más pegados en la ruta. El viaje continuó, de la forma acordada.
Al llegar a una estación de servicio, pararon a cargar combustible. De lo traumado que quedó, mi viejo le contó a los empleados lo ocurrido. A pesar de esto, ellos no lo tomaron por loco. Al contrario, le contaron que eso mismo, le pasaba a varias personas. “Los camioneros y viajantes cuentan que, una mujer joven, se aparece de pronto a quienes transitan esta ruta”.
Al parecer, en Santiago del Estero, en ese tramo de la Ruta Nacional 9, aparece ocasionalmente este fantasma.
Nadie sabe qué quiere, qué le pasó o qué es lo que busca. Lo único que sé es que, desde esa noche, y por mucho tiempo, mi padre no quiso conducir más su colectivo por las noches…

Reflexión
Desde hace siglos, existen historias sobre fantasmas en los caminos. Espíritus errantes que deambulan sin descanso.
En investigación paranormal, se los suele categorizar como almas en pena. Muchas veces, no son conscientes de su estado. Creen que siguen con vida. Otras veces, no logran trascender. Se cree que, en muchas ocasiones, sufrieron algo trágico. Como quiera que sea, estas historias paranormales ocurren. Y ocurren más seguido de lo que uno imagina.
Pero la pregunta es… Si tanta gente pasa por una ruta, ¿por qué sólo se aparecen a ciertas personas?
Anexo
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Hay muchas historias más esperando ser contadas.
Gracias por estar del otro lado.
Nos encontramos en el próximo relato.
