Pasajero Fantasma: Línea 96 de Buenos Aires | Historia Paranormal Real
A continuación, tienes la opción de escuchar el relato narrado a través de nuestro canal de YouTube o bien, leerlo con tranquilidad desde aquí. ¡Que disfrutes!
Prólogo
Millones de personas toman colectivo a diario… Pero pocos, son los últimos pasajeros de la noche.
Cuando la madrugada se acerca, el último servicio lleva unas pocas personas… Y tal vez, algo más…
Pasajeros que desaparecen sin explicación… O que bajan, sin que nadie los haya visto subir… Timbres que suenan solos en ciertas paradas… Experiencias extrañas, que algunos choferes, aseguran haber vivido alguna vez…
Aunque pocos prefieran hablar de esto… Algunos recorridos tienen su historia… Mientras que otros, atraviesan lugares extraños. Zonas inquietantes… donde el pasado… parece esconder algo oscuro… Paradas donde el próximo pasajero… tal vez, no sea uno de nosotros…

CAPÍTULO 1: «Línea 96, Bs. As.»
Me llamo Héctor, y lo que hoy contaré, me sucedió como chofer de colectivo de la línea 96, en Buenos Aires (Argentina).
La primera vez que me pasó algo extraño, fue hace unos 30 años. El servicio salía desde Constitución, hacia Pontevedra. Iba por autopista, y el recorrido terminaba a la medianoche. Una noche, habiendo terminado el servicio, conduje hacia la empresa para dejar el colectivo. Sin embargo, a la altura del Barrio Las Torres, en Pontevedra, miré por el espejo retrovisor, y vi a alguien. Había una persona sentada en el último asiento.
En ese momento, se levantó y comenzó a caminar por el pasillo. Entonces le dije: “Amigo… ¿te quedaste dormido?”. Al instante prendo las luces, y freno para bajarlo. Pero el tipo no aparece… Fue cuando pensé que me quería robar… Entonces me levanté del asiento, y agarré el palo de los neumáticos.
No lo veía, así qué empecé a buscarlo. Primero revisé abajo los asientos. Pero no veía nada. De a poco avancé, uno por uno. Revisé todo el colectivo, pero el sujeto no estaba por ningún lado… se había esfumado sin explicación…

CAPÍTULO 2: «Parada El Ombú»
En otra ocasión, a la altura de la planta de Swift, yendo con rumbo a Pontevedra, alguien me tocó timbre para bajar. Era una mujer. Ella tocó para bajar en la parada del Barrio “El Ombú”, pero yo no tenía parada ahí. En ese momento, estaba haciendo un servicio expreso, es decir, con menos paradas. Cuestión que seguí hasta la próxima.
Al llegar al Arco de Pontevedra, paré para que baje la mujer. Sin embargo, al querer abrir las puertas, noto que ya no se encontraba en el timbre. Miré por el espejo, y no venía ninguna persona en el colectivo… La mujer, ya no estaba…
Más tarde, le comenté lo sucedido a un compañero de apodo «Toyota». Fue cuando me dijo lo siguiente: “Mirá Tucu, me pasó lo mismo en esa parada en El Ombú. Una mujer me tocó el timbre, y cuando paré, ya no estaba más.” No obstante, aún quedaban 2 sucesos extraños por pasarme… Uno en particular… que al día de hoy, me da escalofríos contarlo…

CAPÍTULO 3: «Cementerio de Flores»
Una noche, iba con mi hijo de 12 años en el colectivo. Ya había terminado el recorrido en Constitución, así que venía fuera de servicio. No obstante, aún tenía que llevar el colectivo a la empresa. En el camino, tomé por detrás del Cementerio de Flores. En ese momento, empezó a sonar el timbre… Dado que no venía nadie, le dije a mi hijo: “Fijate qué le pasa al timbre, tal vez está medio trabado el botón”. Él fue y lo revisó, y desde el fondo me avisó: “No pasa nada, anda bien”.
Pero cuando estaba viniendo hacia mí, a mitad de colectivo, el timbre empezó a sonar de nuevo. En ese momento, nos volteamos los dos. No había nadie, y el timbre no paraba de sonar. Mi hijo, asustado, corrió hacia mí y me abrazó. El timbre seguía sonando…
Mi idea era parar más adelante y revisarlo. Pero apenas terminé de pasar por el Cementerio, el timbre dejó de sonar… Y no volvimos a escucharlo, hasta dejar el colectivo en la empresa…

CAPÍTULO 4: «El hombre de traje»
Hasta el momento, había vivido las situaciones extrañas que conté. Pero la última que me pasó, fue de terror…
Eran como las 11 de la noche. Ya había terminado el servicio en Pontevedra, así que tenía las luces apagadas. Venía por la ruta 21, a la altura del Arroyo Las Víboras, en González Catán. En un momento, veo que en el primer asiento, venía un hombre sentado…
Recuerdo que vestía de traje, aunque por la oscuridad, no veía bien su cara. Sorprendido, le pregunto: “¿Dónde fue que subiste? No recuerdo haber parado.” El tipo me mira, y sonríe… Luego me dice: “¿Cómo no recordás?”.
Haciendo memoria, estaba seguro que no había parado en ningún lugar. Además, como siempre, había revisado el colectivo. No había nadie, estaba seguro… Prendí las luces del colectivo, volví a mirar al sujeto y le dije: “No recuerdo”. Pero al voltearme, me corrió un profundo escalofrío…
El tipo tenía el rostro blanco, como una persona fallecida y con maquillaje… Mis piernas se entumecieron… estaban literalmente congeladas del miedo… Estaba seguro, ese sujeto no había subido al colectivo. Por mi cabeza sólo pensaba: «Eso no es una persona real… ¿Qué carajos hago ahora?».
Lo peor era que no podía parar. Tenía que estar atento a la ruta. Era doble mano y había algunos pozos. Uno puntualmente profundo, a la altura del Campo El Santiagueño. Por lo que tuve que concentrarme para esquivar estos baches.
Cuando por fin pasé por este tramo, volví a mirar al sujeto… pero había desaparecido… Aunque esto terminó de confirmar que no era una persona, mi cuerpo se paralizó por completo. Jamás sentí un escalofrío igual… Uno nunca se acostumbra a estas cosas. Y la verdad, no es algo que le deseo experimentar a nadie…

Reflexión
Historias como la de Héctor, nos dejan una duda: ¿Por qué un fantasma viajaría en un colectivo?
En investigación paranormal, esto tiene una explicación. Los expertos señalan que algunas almas, quedan atrapadas en este plano, repitiendo en un bucle eterno, su rutina diaria. Es decir, creen que siguen con vida. Para estas almas, tomar el colectivo de vuelta a casa… sigue siendo parte de su día.
Así que la próxima vez que viajes en el último servicio, y sientas una brisa fría que te eriza la piel… prestá atención. No vaya a ser cosa que en el asiento de atrás, viaje algo… algo cuya presencia, ya no es de este mundo…
Anexo
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Hay muchas historias más esperando ser contadas.
Gracias por estar del otro lado.
Nos encontramos en el próximo relato.
