¿Extraterrestres o duendes en Bariloche? | Historia Paranormal Real
Mientras en la ciudad se rumoreaba sobre la presencia de duendes, el testimonio de Juan sugiere una realidad mucho más perturbadora. ¿Son estos seres los mismos que se ocultan en las cumbres andinas?
A continuación, tienes la opción de escuchar el relato narrado a través de nuestro canal de YouTube o bien, leerlo tranquilo desde aquí. ¡Que disfrutes!
Prólogo
San Carlos de Bariloche, Argentina. Verano del 89.
Un chico de 18 años, vivió una experiencia que lo perturbaría, para siempre…
No era un sueño. Tampoco una parálisis. Pero sí una pesadilla real…
No se podía mover, ni tampoco gritar.
Algo, estaba parado junto a él. Algo que en ese entonces, no sabía qué era.
Algunos creen que en este mundo estamos solos… Sin embargo, yo no estaría tan seguro…

CAPÍTULO 1: «Bariloche, Río Negro»
Me llamo Juan… y cuando tenía 18 años, me pasó algo aterrador… Fue en el verano del 89. Con mi familia, nos habíamos mudado a Bariloche. Estábamos viviendo en la casa de mi tío.
En aquel entonces, no me interesaba el tema extraterrestres, OVNI, y esas cosas. Mi cabeza estaba en otra: Mujeres… o los últimos modelos de zapatillas. Como unas tremendas Nike Air de color rojo… Temas típicos de un pibe de esa edad. Sin embargo, las cosas iban a tomar un giro inesperado ese verano…

CAPÍTULO 2: «Terror en el living»
Una noche, estaba en el sofá del living de la casa. Era de madrugada, todos estaban dormidos. En cuanto a mí, ya estaba teniendo sueño… Pero como estaba cómodo, se me ocurrió dormir ahí. Y fue entonces, cuando pasó…
Al cerrar los ojos, e intentar dormir, de repente, sentí mucha debilidad de golpe. Fue como si se me hubiese bajado la presión. Entonces, abrí los ojos, y vi un rostro… Algo que no era humano, aunque tampoco animal.
Este ser, parecía mirarme. Su piel era gris, y sus ojos, eran negros y enormes… Mantenía sus manos extendidas sobre mi cabeza. En ese instante pensé: “Debe ser un sueño”. Así que cerré los ojos, y esperé varios segundos. Sin embargo, seguía consciente, y con una debilidad muy extraña. Entonces abrí de nuevo los ojos, y ahí, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo… El ser, seguía ahí…

CAPÍTULO 3: «El extraño ser gris»
Cuando lo vi de nuevo, desvié la mirada hacia mis pies. Y ahí, mi cuerpo terminó de congelarse… Había otros dos seres iguales alrededor del sofá. Era una verdadera pesadilla.
Todos parecían mirarme. Aunque yo no podía moverme, no sé si por el pánico o por otra cosa. La verdad, no tengo idea cómo hice, pero saqué fuerzas de algún lugar, y pude levantarme. De inmediato, tiré golpes para todos lados y salí corriendo. No sé si les pegué o no, y tampoco me importaba. Sólo quería salir de ahí…
Corrí hacia el dormitorio de mis viejos. Busqué un acolchado y me acosté en el piso. De ahí en más, no me moví de ese lugar. Pese a lo ocurrido, estando ahí me tranquilicé un poco. Y más tarde, en algún momento, me terminé durmiendo… Aunque esa noche, quedó grabada en mi memoria, para siempre…

CAPÍTULO 4: «Rumores en Bariloche»
A la mañana siguiente, mi viejo se levantó y casi me pisa. Desconcertado, me preguntó qué carajos hacía ahí. Pero me hice el boludo… no me animé a decirle. El problema fue que en la mesa, mientras estábamos desayunando, mi viejo bromeando sacó el tema. Y al final, terminé contando lo que me pasó. Sin embargo, como era de esperar, no me creyeron. Peor aún… se me rieron en la cara. Aunque había alguien que no se reía: mi tío.
Más tarde, mi tío me invitó a tomar algo en el centro de Bariloche. Estando en el bar a solas, me preguntó de nuevo sobre lo ocurrido. Ahí fue cuando me dijo que me creía. Además, me comentó que yo no era el único en la ciudad. Me dijo que, en varias oportunidades, había escuchado relatos sobre extraños seres. En ese entonces, en Bariloche, la gente decía ver duendes.

CAPÍTULO 5: «Los llamados Grises»
Pasaron los años, cuando un día, en una revista, veo una imagen de estos seres que vi esa noche. Eran extraterrestres, y los llamaban «los Grises». Sentí un escalofrío al ver la imagen… No estaba loco. Eran ellos. Por un lado, sentí alivio. Pero por el otro, esto confirmaba que eran alienígenas. Y analizando un poco, tal vez esos duendes que decía mi tío, también eran los Grises.
Al día de hoy, no sé qué querían de mí. No obstante, tampoco quiero averiguarlo. Porque lo que viví esa noche, no se lo deseo a nadie…

Reflexión
El relato de Juan, toca uno de los temas más inquietantes de la ufología: los encuentros cercanos con extraterrestres. No obstante, este caso encierra un misterio más profundo, el cual pocos conocen…
El no poder moverse ni gritar, es una situación común que los testigos repiten. Pero desde la perspectiva científica tradicional, los escépticos intentarían explicar lo sucedido, como una parálisis del sueño. Este es un estado entre la vigilia y el descanso, donde el cerebro, al no poder despertar el cuerpo, podría proyectar alucinaciones vívidas.
Sin embargo, el caso de Juan tiene dos fisuras que rompen esta teoría. En primer lugar, él nunca había visto dicha figura. El cerebro no puede alucinar con precisión algo que desconoce.
En segundo lugar, Juan tuvo episodios diferentes. Abrió los ojos dos veces, vio a los seres en distintas posiciones y, finalmente, reaccionó con golpes. Demasiado tiempo, demasiadas acciones. La probabilidad de que haya sido una alucinación, baja considerablemente.
Ahora bien, existe una teoría en investigación paranormal, que es importante señalar. Ciertas entidades interdimensionales, no tienen una figura fija, sino que proyectan una «máscara» o «fachada». Lo hacen para esconder su verdadera identidad, ya sea para engañar, o infundir terror, y así alimentarse de nuestra energía. Esta teoría, explicaría por qué algunos podrían haber visto duendes, mientras que otros, alienígenas.
Extraterrestres, proyecciones o entidades interdimensionales, ¿qué fue lo que realmente vio esa noche? Tal vez, como dice Juan, lo mejor sea no averiguar la respuesta…
Anexo
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Gracias por estar del otro lado.
Nos encontramos en el próximo relato.
