El Lobizón: lo vieron en Argentina | Historia Paranormal Real
A continuación, tienes la opción de escuchar el relato narrado a través de nuestro canal de YouTube o bien, leerlo tranquilo desde aquí. ¡Que disfrutes!
Prólogo
Muchos dicen que sólo es una leyenda rural… Otros, sin embargo, afirman haberlo visto…
Esta vez, vas a leer cuatro testimonios, provenientes de distintos puntos de Argentina.
Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires… Cuatro provincias, donde al parecer, existe algo que sigue acechando…
Algo que no es una persona, pero que tampoco parece ser un animal.
Algo donde la línea entre la leyenda… y la realidad… No está tan clara como creemos…

CAPÍTULO 1: «Villaguay, Entre Ríos»
Mi nombre es Jeremías. Soy de Paraná y laburo en Vialidad Provincial de Entre Ríos. Este trabajo me ha hecho recorrer toda la provincia. Pero esto que voy a contar, no me había pasado nunca en la vida…
Era el año 2015. Estábamos terminando una obra en Concepción del Uruguay. La empresa a cargo, estaba construyendo un puente. Era un viernes, y ese día, la jornada se alargó. Fue a cambio de un día más de franco.
Era tarde, pero dos chicos de la empresa, me pidieron un favor. Si los podía llevar hasta la localidad de San José, cerca de Colón. Yo luego tomaría por la ruta 130 hasta Villaguay. Y después, por la ruta nacional 18 hasta Paraná. Y así fue.
El viaje fue normal. Pasé Villaguay, y al llegar a la ruta 18, paré en la banquina. Tenía un poco de sed, así que, decidí parar un rato, tomar algo, y luego seguir.
Dejé la camioneta con las luces altas. Giré mi cuerpo para tomar una Coca Cola que llevaba. Y ahí sucedió todo…
Más lejos, había un extraño bulto negro. Las luces no llegaban a alumbrarlo bien.
De repente, esa cosa se puso en cuatro patas. Era como un perro, pero más grande de lo normal… Su cuerpo se veía flaco, aunque proporcionado.
El animal caminó unos metros hacia la ruta… Y luego, fue cuando me congelé…
Esa cosa, se puso de pie. Es decir, se paró como si fuese una persona.
Luego miró fijamente hacia donde yo estaba… Y segundos después, corrió hacia la ruta hasta cruzar hacia el otro lado.
Las luces no llegaron a iluminar en detalle. Sin embargo, eso que vi no era un perro, ni tampoco parecía una persona.
Tiempo después, me enteré que en Villaguay, se cree mucho en el Lobizón.
Por cuestiones laborales, he seguido circulando por la ruta nacional 18. Aunque nunca más, vi algo así…

CAPÍTULO 2: «Mercedes, Corrientes»
Cuando la gente habla del lobizón, cree que es un mito o una leyenda del campo. Es una lástima, pero debo decir que no es así. Es una realidad que yo viví en carne propia…
Mi nombre es Fabián, y cuando tenía 12 años, me pasó algo que me marcó para siempre…
Estábamos con mi papá, mi abuelo y tres tíos, en un campo, por la zona de Mercedes, en Corrientes. Es una zona alejada de todo, casi sin luz. En el lugar había dos perros grandes: un pastor alemán y un galgo de caza.
Una noche, empezamos a escuchar a las gallinas. Comenzaron a alborotarse de golpe. De pronto, escuchamos a los dos perros correr y ladrar. En ese momento, supimos que algo no andaba bien…
Salimos rápido afuera de la casa, y ahí fue cuando lo vimos. Era como un enorme perro, muy peludo, parado en dos patas. Al verlo, emitió una especie de aullido. El ovejero y el galgo fueron a atacarlo.
Mientras tanto, mi abuelo buscó su escopeta recortada, y me ordenó ponerme detrás de él. Por su parte, uno de mis tíos alumbraba con un farol de querosén.
De pronto, esa bestia saltó como un rayo y se escondió detrás de un árbol, un paraíso. Fue ahí cuando mi abuelo disparó. No sabemos si le dio, pero esta cosa huyó.
En ese momento, vimos que el galgo estaba muy lastimado. La perra se estaba desangrando, así que la intentamos curar rápido, y luego, la llevamos al veterinario. Sorprendido, el veterinario nos preguntó qué animal la había atacado. Las heridas eran graves. El tejido estaba como podrido, como si tuviera gangrena. No era algo normal. Afortunadamente, la perra logró sobrevivir.
Al otro día, revisamos bien el lugar y descubrimos extrañas marcas en el árbol. Literalmente, marcas de garras.
Más tarde, mi abuelo se enteró que no fue un hecho aislado. Esa misma noche, algunas estancias vecinas también lo vieron.
Estas cosas existen, sobre todo, en las profundidades de los montes, en Corrientes y Misiones…

CAPÍTULO 3: «El Trébol, Santa Fe»
Cuando nombran al Lobizón, se me hiela la sangre.
Mi nombre es María y cuando tenía unos 7 u 8 años, vi algo muy extraño… En aquel entonces, vivíamos en El Trébol, al sur de la provincia de Santa Fe. Era una zona de campo llamada «El Descanso».
A 500 metros de nuestra casa, había un cruce de tres caminos. Cada uno conducía a un pueblo distinto. Mi abuela me contaba que, en siglos pasados, allí descansaban los viajeros, bajo la sombra de un viejo ombú. Sin embargo, también había una leyenda: se decía que en ese lugar, merodeaba el Lobizón.
Una noche, yo estaba en mi cuarto con mi hermano, cuando de golpe, empezamos a escuchar pasos. Pero no eran pasos de un animal pequeño, o de una persona. Eran pasos pesados, algo realmente grande. Además, se escuchaba arrastrar un objeto, como si fuera una cadena.
En ese momento, nos asomamos por la ventana, y ahí vimos una cosa negra y grande pasar. Del susto corrimos a avisarle a nuestros padres. Entonces, mi papá vino rápido a mirar, pero esa cosa parecía estar rodeando la casa.
De pronto, lo vimos de nuevo. Era un animal enorme… Su pelaje era negro y arrastraba una cadena. Aunque lo que más nos impactó fueron sus ojos: eran rojos, muy intensos.
Al vernos, el animal huyó. Atravesó el alambrado que limitaba el terreno y no lo volvimos a ver.
Nunca supimos qué era eso. Pero lo vimos, y no era nada normal…

CAPÍTULO 4: «San Justo, Buenos Aires»
Me llamo Rocío, y esto que contaré, me sucedió cuando era adolescente. En ese entonces, vivía en la localidad de San Justo, al límite con Morón, en provincia de Buenos Aires.
En esos tiempos, me juntaba con una amiga en su casa. Ella tenía un patio frontal muy grande, entonces, solíamos armar una carpa alpina. Hacíamos de cuenta que estábamos de campamento.
Nunca pasó nada raro en el barrio. Además, estaban los perros, eso nos hacía sentir seguras.
Pero un día, pasó algo… Algo que me quedó grabado en la memoria…
Una noche, escuchamos un golpe en el portón de la entrada. Los dos perros de la casa, empezaron a gruñir al lado de la carpa. Con miedo, abrimos el cierre, y ahí, quedamos congeladas…
Se había entrado un perro al patio, pero no era cualquier perro… Era demasiado grande y extraño. Flaco, pero con el pecho muy ancho.
La zona estaba un poco oscura. Había un sauce y otros árboles, sin embargo, el perro se llegaba a ver bien.
De pronto, aparece el papá de mi amiga. Tenía una escopeta, y le estaba apuntando al perro.
De inmediato, nos dijo que fuéramos para la casa. Al entrar, la mamá de mi amiga nos dijo: «ese animal, es el Lobizón».
Toda la situación era muy tensa. Los perros de la casa, se mantenían con su dueño. Mientras que el perro gigante, no se movía, sólo gruñía.
Recuerdo que se escuchaban muchos ladridos… Todos los perros de la cuadra o más, estaban ladrando.
En un momento, el perro negro amagó a avanzar. Pero los perros de mi amiga, reaccionaron agresivamente. Y luego de eso, el perro grande pegó media vuelta y saltó el portón. No sé cómo hizo, porque era alto. Sin embargo, lo superó sin esfuerzo.
Desgraciadamente, no sé cómo pasó, pero los dos perros de mi amiga, terminaron saliendo a la calle. Más tarde, regresaron, pero estaban heridos… Días después, sólo uno sobrevivió.
En el barrio, se decía que era el hombre lobo. Yo no vi ningún monstruo. Pero nunca en mi vida vi un perro parecido. Tan grande y tan extraño. Puedo asegurarlo, ese animal, no era normal…

Reflexión
El lobizón, es una de las criaturas más conocidas del folclore litoral argentino. Presente también en países cercanos, como Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil.
Durante generaciones, se habló de la maldición del séptimo hijo varón, una creencia que proviene de la mitología guaraní. Incluso, en 1974, en Argentina, se sancionó la Ley 20.843 de padrinazgo presidencial, en un intento por romper esta maldición.
Pero más allá del mito o la leyenda, existe algo que realmente ocurre. Personas distintas, en lugares distintos, describen algo similar… Algo que no es normal. Un perro que nunca habían visto, con un tamaño, fuerza y rapidez atípicos. Un animal que no encaja y que nunca vuelven a ver.
La pregunta, ya no es si el lobizón existe, sino… ¿qué es realmente el lobizón?
Anexo
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Nos encontramos en el próximo relato.
